Duatlón cross nocturno de Alcorcón 2011

Cuando piensas que a nivel de carreras populares, duatlones, o triatlones lo has visto casi todo, por fortuna,  siempre pueden sorprenderte.
Eso precisamente fue lo que me sucedió a principios de septiembre en la primera edición nocturna del duatlon cross de Alcorcón.
Me inscribí a regañadientes, ya que no soy un gran ciclista de MTB . He competido muy poco, por lo que mi manejo de la bici de montaña en terrenos un poco técnicos deja bastante que desear. Ademas, competir a principios de septiembre cuando estoy volviendo a activarme tras el “descanso” de las vacaciones tampoco me gusta en exceso.
Por otro lado,  contaba con muchos puntos a favor:
-Se celebra muy cerca de mi casa, por lo que se simplifica mucho el factor logístico.
-Era la primera edición nocturna, lo que le daba un aliciente especial a la prueba,
- Y por último, y no menos importante, se lo “debía” a Dani, mi vecino, una nueva adquisición para el mundo del Duatlon/triatlon procedente del ciclismo en ruta. Este año prometió correr su primer maratón si yo empezaba a pegarle más a la MTB, y lo hizo, por lo que yo también debía cumplir mi parte del trato. A los dos se nos unió un tercer integrante al equipo, Javi,  también vecino y prácticamente “novato” en el mundo del Ducross, pero con algunos “tiros pegados” en las carreras a pie.

El día de la prueba puse a punto mi vieja MTB del año 2002, que parece más una tanqueta de la guerra de Corea que una bici de montaña,  y me planté en línea de salida cargado de ilusión pero con dudas razonables sobre cual sería mi rendimiento durante la carrera, a pesar de que seguía en un estado de forma razonable (este verano he parado poco de entrenar).
La salida del primer segmento de carrera a pie fue rapidísima, para variar, por un circuito rompepiernas dentro de un pequeño pinar, con continuas subidas y bajadas por caminos con pequeños bancos de arena, que en ocasiones, dificultaban incluso la pisada.

Primer segmento carrera a pie

Primer segmento carrera a pie

Llegué a la primera transición en el segundo gran grupo de cabeza, con buenas sensaciones, mientras la luz comenzaba a escasear (hasta aquí todo normal).
A partir de entonces todo empezó a complicarse.
Subí los primeros repechos con relativa soltura manteniendo más o menos la posición del tramo a pie hasta que entramos en el pinar por donde habíamos corrido. Comenzamos a bajar y subir en zig-zag con curvas de 180 grados con pequeños bancos de arena, que me obligaban a bajar mucho la velocidad para no caerme. Poco a poco, corredores más experimentados que yo con su MTB me pasaban en cada curva con relativa facilidad, lo que me obligaba a apretar mucho en los tramos “poco técnicos” para tratar de no quedarme muy descolgado.

Así, sin pena ni gloria, pasé la primera de las dos vueltas del segmento ciclista, sin sospechar que lo mejor aun estaba por llegar.

Y es que, casi de repente, se apagó la luz..

Encendí el foco de mi bici, más pensado para que me vean a mí que para alumbrar el camino, y continué pedaleando. Al volver a entrar al pinar me di cuenta de que me había equivocado al no coger el foco adicional que proporcionaba la organización, y sólo con el que llevaba apenas veía nada. Al entrar en una de las “pestosas” curvas de 180 grados, un  corredor que salió de la nada, chocó contra mi accidentalmente y nos fuimos los dos al suelo. Al caer, se me subió el gemelo derecho a las orejas. Ese fue el punto Inflexión de mi carrera.
Me levanté del suelo, acepté con deportividad las disculpas de mi compañero de caída (son lances de las carreras), estiré la pierna para comprobar que el gemelo había vuelto a su sitio y continué pedaleando, con la única intención de terminar la bici sin más sobresaltos. Y de alguna manera, poco a poco, empecé a disfrutar.

La oscuridad era total , así como el desconcierto general. Había corredores a los que doblaba, que iban andando con la bici de la mano, renegando del momento en que decidieron embarcarse en esta modalidad de duatlón .

Bici nocturna

Bici nocturna

El paisaje era realmente fantasmal. Entre los árboles apenas se veía el camino. Los focos de otras bicis de participantes que se habían retirado, e iban atajando, me despistaban aun más de lo que ya estaba. Dentro del pinar tampoco se oía nada, por lo que la sensación de estar en un lugar desconocido y casi misterioso era impresionante (y todo esto en plena carrera y a 180 pulsaciones!).

Por fin salí del pinar, dejé la bici (hubiera jurado que llevaba varias horas montado) y me volví a sumergir en la oscuridad para correr el último tramo.

Segunda transición

Segunda transición

Afortunadamente, la carrera a pie transcurría por fuera del pinar. Además había conos en mitad del camino con una luz azul y tenue, que señalizaban por donde correr sin riesgo a equivocarte. Supongo que por la tensión que había acumulado en el tramo ciclista , me puse a correr como un loco, para terminar con un buen “palizón”. Según iba adelantando corredores y esquivando los conos, me iba animando cada vez más, lo que me hacía acelerar el ritmo progresivamente. En poco más de 8 minutos finalicé el último segmento de 2,5 Km y entré en meta casi cegado por la luz después de tanta oscuridad.

Lo mejor, mi mujer y mis peques en meta, animándome y mirándome como si hubiera salido de la nada, y el compartir la experiencia con mis dos compañeros de “equipo”, que estuvieron a un gran nivel.

Visto en perspectiva, me alegro de haber corrido aquella tarde/noche.
Es cierto que la bici se me hizo eterna (incluso me pegué un piñazo), y que me pasé más tiempo pendiente de no caerme que de acelerar y seguir en carrera, pero la experiencia mereció la pena.
A nivel organizativo hubo más voluntad  y buenas intenciones que resultados (el desconcierto en el pinar era generalizado), pero consiguieron sorprenderme lo suficiente como para que dos meses después, aun sienta ganas de compartir la experiencia con vosotros .
En definitiva, un duatlón muy recomendable si queréis pasar un buen rato, sin ninguna pretensión de marca personal, y acompañados de un buen foco ;D

Cuidaos.
Iván

Javi, Dani y yo (el equipo del barrio)

Javi, Dani y yo (el equipo del barrio)

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Llevo toda la vida corriendo. Desde muy pequeño descubrí que me encantaba correr y que disfrutaba entrenando y compitiendo. Hoy con 35 años, 8 maratones, 20 1/2 maratones , innumerables carreras populares y una rodilla "reconstruida" (que estuvo apunto de dejarme fuera de combate), sigo ilusionándome cada vez que me pongo las zapatillas y preparo alguna carrera, con el único objetivo de seguir formando parte de este mundillo tan apasionante. Como muchos otros, también di el salto al Triatlón hace algunos años, con la fortuna de poder finalizar mi primer Ironman en Lanzarote 2007, sin duda, una experiencia inolvidable. Bienvenidos!!