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Llevo toda la vida corriendo. Desde muy pequeño descubrí que me encantaba correr y que disfrutaba entrenando y compitiendo. Hoy con 35 años, 8 maratones, 20 1/2 maratones , innumerables carreras populares y una rodilla "reconstruida" (que estuvo apunto de dejarme fuera de combate), sigo ilusionándome cada vez que me pongo las zapatillas y preparo alguna carrera, con el único objetivo de seguir formando parte de este mundillo tan apasionante. Como muchos otros, también di el salto al Triatlón hace algunos años, con la fortuna de poder finalizar mi primer Ironman en Lanzarote 2007, sin duda, una experiencia inolvidable. Bienvenidos!!

Ironman Frankfurt 2014 “el retorno”

4 a.m. En la oscuridad de la habitación del hotel, ubicado cerca de la estación principal de tren de Frankfurt, una mezcla de cansancio, sobreactivación y dolor de piernas me impide conciliar el sueño.

Todo empezó 24 horas antes, cuando aun en plena noche, cogía un autobús fletado por la organización para trasladarme al lago donde tomaría la salida de una de las pruebas atléticas más exigentes y complejas del planeta, el Ironman.

 

 Ironman Frankfurt 2014 (Campeonato de Europa).

Aún no ha amanecido completamente cuando la primera tanda de triatletas comienza la prueba de natación.

Por delante 3.9 km a nado en un lago a las afueras de la ciudad, en calma aparente.

A las 7 a.m. llega mi turno de salida, la más multitudinaria, junto a más de 2000 triatletas.

Bajamos una pequeña ladera de arena fina y húmeda (ha estado lloviendo toda la noche) y vamos poco a poco entrando en el agua, ataviados con nuestros respectivos neoprenos, gorros amarillos y gafas de natación.
Nado suavemente hasta la corchera que delimita la salida y me mantengo a flote hasta el pistoletazo inicial. Mientras, en los altavoces, retumba solemne un discurso en alemán que termina con un “Gott segne Sie” (Que Dios os bendiga).
Se hace el silencio, y por unos instantes no puedo evitar sentirme infinitamente pequeño, bajo una puesta en escena espectacular.
Pistoletazo de salida y comienza el baile.
A pesar de lo complejo que resulta nadar con más de 2000 personas a la vez, consigo situarme en buena posición y no recibo demasiados golpes.
El sol ya ha hecho su aparición pero se mantiene aun muy cerca del agua, lo que dificulta la visión a la hora de seguir las boyas que marcan el recorrido.
Así, entre brazada y brazada, entre boya y boya, finalizo el segmento de natación sin grandes problemas y en el tiempo previsto (1h 10 minutos).
Realizo la transición tranquilo, y en menos de 5 minutos, ya estoy pedaleando.
Me esperan 180 Km de bici, no muy complicados, pero bastante “traicioneros”, bajo innumerables toboganes de poca pendiente y 3 subidas destacables, una de ellas adoquinada, por donde debemos pasar dos veces.

 

Acoplado en el segmento ciclista

Acoplado en el segmento ciclista

Ya en Frankfurt dejo mi bicicleta, me despido de ella con un guiño (hoy se ha vuelto a portar), y me preparo para correr los 42,2 km que me separan de mi segundo Ironman.

De momento todo va según lo previsto, pero no puedo dejar de pensar en mi rodilla izquierda, aun dolorida e inflamada por una caída entrenando de la que no he conseguido recuperarme a tiempo para la prueba, y que me tiene bastante preocupado.
Antes de comenzar a correr veo por primera vez entre el público a mi familia y amigos.
Mis hijas portan un improvisado cartel de cartón con mi nombre pintado en colores y gritan al verme.

Mi mujer me pregunta que tal voy, y por fin, tras 7 horas de prueba, “salgo” de mi estado de concentración y sonrío, lo que me produce una agradable sensación de alivio, y energía mental renovada.
Comienzo a correr por la ribera del Main, a buen ritmo, y cada vez más ilusionado.
El dolor de rodilla va aumentando con el paso de los KM, al igual que la temperatura ambiente, que se aproxima a 35 grados, algo atípico para esta ciudad.
Las molestias se trasladan ya al resto de los músculos de la pierna por no pisar de forma correcta, y veo como el ritmo objetivo de carrera se me escapa…
Es entonces cuando el Ironman me enseña su verdadero rostro, mostrándose ante mí cuan gigante “quijotesco”, alimentado por mis propias dudas, dolor y cansancio.
Pero no he venido hasta aquí para luchar contra molinos, después de todo un año entrenando a deshoras, bajo el frío, la nieve, la lluvia, el calor, de madrugada, .. robándole tiempo al tiempo, y sin perder en ningún momento la ilusión.
Además, no soy más que un corredor popular, enamorado de este deporte, y el mero hecho de haber llegado aquí, y seguir aguantando en carrera, en pleno Campeonato de Europa de Ironman, ya es un “regalo”.

En el avituallamiento del km 35, a 7 km de meta, veo a mi mujer. Sin su ayuda nada de esto hubiera sido posible.

A 200 metros para cruzar la meta me esperan mis hijas impacientes.
Nos cogemos de las manos y volamos juntos por la alfombra hasta la meta situada en Roemer Square, donde nos abrazamos bajo los aplausos que proceden de las gradas, abarrotadas de un público que no ha parado de animar durante todo el día, mientras el speaker anuncia con su inconfundible acento alemán “Iván Muñoz, Spanien!”.

Después de 226 Km, 12horas y 14 minutos el Ironman vuele a ser nuestro.

 Son las 5:30 a.m. y las primeras luces de la mañana comienzan a colarse por la ventana.

Parece que el haber escrito esta “interminable” crónica me ha ayudado a poner en orden mi cabeza, y siento como poco a poco el sueño me alcanza.
Cierro los ojos y sonrío al recordar los últimos versos del poema de William Ernest Henley (Invictus), que un gran amigo me recordó el día antes de la prueba, y que me han acompañado durante toda la jornada.

“No importa cuan estrecho sea el camino,
ni cuan cargada de castigos la sentencia,
soy el dueño de mi destino,
soy el capitán de mi alma..”

A mis padres.

Al otro lado del espejo

Hoy quiero reivindicar el optimismo moderado, al sentido común y la lucha entusiasta y bien entendida como modo de vida.

Ahora, que despedimos un año que ha sido realmente complicado en lo económico y abordamos la llegada de otro, casi resignados a nuestra suerte.

Ahora que asistimos con una mezcla de estupor, desgana y casi desidia a las supuestas medidas anticrisis, que no se si nos ayudarán a salir de ella, pero sí que cada día nos sumergen más en un horizonte de nubarrones, que poco a poco sentimos que merman nuestra seguridad en lo que hasta ahora parecía imperturbable.

Ahora que hacemos balance de lo bueno y lo malo, los logros  y fracasos, las alegrías y las tristezas.., y miramos con recelo a los ojos del nuevo año, quiero hacerle un guiño una vez más al optimismo.

Y es que todos nos sentimos alguna vez, en un momento concreto, o en una situación o faceta de nuestra vida, como extraños dentro de nuestra propia piel.

Ya sea por un cambio importante o por la ausencia de este , quizá sin un motivo aparente, empezamos a preguntarnos por qué hicimos esto y no aquello, por qué parece que no disfrutamos de algo que siempre nos ha gustado, por qué ya no sentimos lo mismo ante las mismas cosas..

Esto mismo puede pasar, y de hecho pasa, en el mundo del running.
Por desgracia he visto muchos casos de nuevos corredores que empiezan con mucha ilusión.

Se equipan de arriba a abajo.

Entrenan con determinación (incluso contratan los servicios de entrenadores personales).

Se inscriben en todas las carreras populares y viven intensamente los progresos que poco a poco van llegando.

Y un día descubren que ya no progresan si no se esfuerzan muchísimo más de lo que antes lo hacían (o ni aun así).

Comienzan a tener molestias en algunas articulaciones de forma casi crónica.

Ven como su tiempo incluso empeora frente al que hicieron en la misma carrera en la pasada edición.

Tienen problemas con sus familias que no terminan de entender tanta dedicación..

Y finalmente sienten un desencanto amargo, que en ocasiones incluso les conduce a colgar las zapatillas.

 

Y es que correr, objetivamente,  es un deporte durísimo, que exige una fortaleza y equilibrio físico y mental muy importante. Además, si tienes obligaciones laborales, familiares y personales, como en la mayoría de los casos, la ecuación se complica notablemente.

Por eso, para todos los que sois principiantes, o quizá ya lleváis algún tiempo en este mundillo, y sobre todo para los que estéis empezando a sentir ese desencanto del que antes os hablaba, me gustaría, con vuestro permiso, daros algunos pequeños consejos o trucos, que a mi me han funcionado para seguir amando este deporte después de 25 años entrenando y compitiendo, y una terrible lesión de rodilla que a punto estuvo de dejarme en el dique seco..

- No os obsesionéis con las marcas. Siempre es estimulante mejorar nuestro mejor registro, pero más importante aun es poder seguir intentándolo cada día. Al final somos atletas populares con montones de factores ajenos al entrenamiento que pueden afectar a nuestro rendimiento deportivo.

- No os obsesionéis con la dieta. Se trata de comer como siempre, con un poco de lógica y cabeza, pero sin trastocar en exceso nuestros hábitos salvo que antes os alimentarais a base de hamburguesas del Burger king.

- No os obsesiones con participar en muchas carreras populares. No es bueno competir demasiado, y menos siendo un atleta popular (nosotros no tenemos masajistas, ni fisioterapeutas, ni podemos dormir 10-12h para regenerar la musculatura, etc..).

- Entrenad siempre que podáis o tengáis un hueco, por pequeño que sea, pero con cabeza y sin agobiaros por las distancias, los ritmos o las intensidades. Se trata de coger y mantener la continuidad (muchos pocos en vez de pocos muchos, como en la teoría del “long tail”).

-Si sois principiantes y  queréis afrontar un medio Maratón o un Maratón completo, es importante seguir un plan especifico adaptado a vuestro nivel, o al menos un entrenamiento organizado, pero que no suponga una dedicación excesivamente superior al tiempo del que disponéis , para evitar que entrenar se termine convirtiendo en un segundo trabajo y por tanto, en un motivo más de estrés.

- Tratad de aprender a escuchar a vuestro cuerpo. Ojo, esto no quiere decir que le hagáis demasiado caso.. , porque tiende a guardar más de lo que necesita (es un mecanismo de supervivencia), pero sí valorad las señales, molestias y dolores que tengáis (que casi seguro las tendréis ).
-Consultad al médico como cualquier persona y tratad de “comprender” sus mensajes. Sé que esto que acabo de decir suena un poco raro, pero lamentablemente no todos los médicos a los que visitamos son deportistas o al menos pro-deporte, por lo que si les preguntas por un dolor a priori derivado de entrenar, siempre recomendaran no hacerlo (por pura lógica y pragmatismo). Dicho esto, utilizad el sentido común, no hagáis locuras, buscad segundas opiniones, visitad también un fisioterapeuta, escuchad a vuestro cuerpo  (como decía en el punto anterior) y tratad de encontrar vuestro punto de equilibrio (en ocasiones el “daño” por no correr es mayor que la lesión que aparentemente nos lo impide..).

- Alternad con otros deportes, individuales o de equipo, que rompan al rutina del entrenamiento y os permitan comprobar lo en forma que estáis gracias al running.

- Intentad que vuestra familia participe de vuestra afición, ya sea de forma activa o pasiva . Si consiguen respetar lo que hacéis siempre será más fácil el buscar huecos para entrenar y descansar. No obstante esto no es fácil ni “gratis”, por lo que muchas veces tendréis que ceder y entrenar como en mi caso, a horas imposibles (5:30 a.m), etc.. (sarna con gusto no pica).

- No os preocupéis si no tenéis muchas ganas de ir a competir a carreras cuando ya llevéis unas cuantas en las piernas. Lo suyo es dejar descansar la mente y seguir entrenando por simple rutina, buscando tan solo el placer de seguir tranquilo y en forma. Probablemente con el tiempo vuelva a apeteceros competir de nuevo. También suele funcionar el buscar una carrera que os guste especialmente y entrenarla de forma específica, teniendo así un objetivo claro en el horizonte.

-Y sobre todo y más importante, valorad la suerte que supone el poder tener salud suficiente para calzaros las zapatillas cada día. No tengáis la menor duda de que todos, en algún momento de nuestra vida, no tendremos más opción que claudicar (es el ciclo de la vida).

Pero no por ello dejaremos de luchar, porque correr es luchar, disfrutar y sentir, y luchar es vivir, y vivir es correr…, hasta el final (ajenos a marcas, ritmos y series).

Si habéis leído los puntos anteriores y tratáis de seguirlos en la medida de lo posible, probablemente nunca ganéis una carrera popular (y mucho menos un Maratón), o quizá sí, dependiendo de vuestras cualidades físicas y psíquicas,  pero casi seguro que estableceréis unos vínculos con el mundo del running que perduraran en el tiempo y que os ayudaran a afrontar cualquier problema que tengáis que sortear en esta carreras de obstáculos que es la vida.

Al final, el tipo del otro lado del espejo, al que vemos todas las mañanas, quizá no sea tan rápido , tan guapo, tan valiente o tan exitoso como nos gustaría , pero se parecerá mucho a lo que queremos ser, con nuestras luces y nuestras sombras, pero con la ilusión intacta de vivir cada día como si fuera nuestra primera y última carrera, hasta la Línea de meta.

A por el 2012!

Cuidaos.

Duatlón cross nocturno de Alcorcón 2011

Cuando piensas que a nivel de carreras populares, duatlones, o triatlones lo has visto casi todo, por fortuna,  siempre pueden sorprenderte.
Eso precisamente fue lo que me sucedió a principios de septiembre en la primera edición nocturna del duatlon cross de Alcorcón.
Me inscribí a regañadientes, ya que no soy un gran ciclista de MTB . He competido muy poco, por lo que mi manejo de la bici de montaña en terrenos un poco técnicos deja bastante que desear. Ademas, competir a principios de septiembre cuando estoy volviendo a activarme tras el “descanso” de las vacaciones tampoco me gusta en exceso.
Por otro lado,  contaba con muchos puntos a favor:
-Se celebra muy cerca de mi casa, por lo que se simplifica mucho el factor logístico.
-Era la primera edición nocturna, lo que le daba un aliciente especial a la prueba,
- Y por último, y no menos importante, se lo “debía” a Dani, mi vecino, una nueva adquisición para el mundo del Duatlon/triatlon procedente del ciclismo en ruta. Este año prometió correr su primer maratón si yo empezaba a pegarle más a la MTB, y lo hizo, por lo que yo también debía cumplir mi parte del trato. A los dos se nos unió un tercer integrante al equipo, Javi,  también vecino y prácticamente “novato” en el mundo del Ducross, pero con algunos “tiros pegados” en las carreras a pie.

El día de la prueba puse a punto mi vieja MTB del año 2002, que parece más una tanqueta de la guerra de Corea que una bici de montaña,  y me planté en línea de salida cargado de ilusión pero con dudas razonables sobre cual sería mi rendimiento durante la carrera, a pesar de que seguía en un estado de forma razonable (este verano he parado poco de entrenar).
La salida del primer segmento de carrera a pie fue rapidísima, para variar, por un circuito rompepiernas dentro de un pequeño pinar, con continuas subidas y bajadas por caminos con pequeños bancos de arena, que en ocasiones, dificultaban incluso la pisada.

Primer segmento carrera a pie

Primer segmento carrera a pie

Llegué a la primera transición en el segundo gran grupo de cabeza, con buenas sensaciones, mientras la luz comenzaba a escasear (hasta aquí todo normal).
A partir de entonces todo empezó a complicarse.
Subí los primeros repechos con relativa soltura manteniendo más o menos la posición del tramo a pie hasta que entramos en el pinar por donde habíamos corrido. Comenzamos a bajar y subir en zig-zag con curvas de 180 grados con pequeños bancos de arena, que me obligaban a bajar mucho la velocidad para no caerme. Poco a poco, corredores más experimentados que yo con su MTB me pasaban en cada curva con relativa facilidad, lo que me obligaba a apretar mucho en los tramos “poco técnicos” para tratar de no quedarme muy descolgado.

Así, sin pena ni gloria, pasé la primera de las dos vueltas del segmento ciclista, sin sospechar que lo mejor aun estaba por llegar.

Y es que, casi de repente, se apagó la luz..

Encendí el foco de mi bici, más pensado para que me vean a mí que para alumbrar el camino, y continué pedaleando. Al volver a entrar al pinar me di cuenta de que me había equivocado al no coger el foco adicional que proporcionaba la organización, y sólo con el que llevaba apenas veía nada. Al entrar en una de las “pestosas” curvas de 180 grados, un  corredor que salió de la nada, chocó contra mi accidentalmente y nos fuimos los dos al suelo. Al caer, se me subió el gemelo derecho a las orejas. Ese fue el punto Inflexión de mi carrera.
Me levanté del suelo, acepté con deportividad las disculpas de mi compañero de caída (son lances de las carreras), estiré la pierna para comprobar que el gemelo había vuelto a su sitio y continué pedaleando, con la única intención de terminar la bici sin más sobresaltos. Y de alguna manera, poco a poco, empecé a disfrutar.

La oscuridad era total , así como el desconcierto general. Había corredores a los que doblaba, que iban andando con la bici de la mano, renegando del momento en que decidieron embarcarse en esta modalidad de duatlón .

Bici nocturna

Bici nocturna

El paisaje era realmente fantasmal. Entre los árboles apenas se veía el camino. Los focos de otras bicis de participantes que se habían retirado, e iban atajando, me despistaban aun más de lo que ya estaba. Dentro del pinar tampoco se oía nada, por lo que la sensación de estar en un lugar desconocido y casi misterioso era impresionante (y todo esto en plena carrera y a 180 pulsaciones!).

Por fin salí del pinar, dejé la bici (hubiera jurado que llevaba varias horas montado) y me volví a sumergir en la oscuridad para correr el último tramo.

Segunda transición

Segunda transición

Afortunadamente, la carrera a pie transcurría por fuera del pinar. Además había conos en mitad del camino con una luz azul y tenue, que señalizaban por donde correr sin riesgo a equivocarte. Supongo que por la tensión que había acumulado en el tramo ciclista , me puse a correr como un loco, para terminar con un buen “palizón”. Según iba adelantando corredores y esquivando los conos, me iba animando cada vez más, lo que me hacía acelerar el ritmo progresivamente. En poco más de 8 minutos finalicé el último segmento de 2,5 Km y entré en meta casi cegado por la luz después de tanta oscuridad.

Lo mejor, mi mujer y mis peques en meta, animándome y mirándome como si hubiera salido de la nada, y el compartir la experiencia con mis dos compañeros de “equipo”, que estuvieron a un gran nivel.

Visto en perspectiva, me alegro de haber corrido aquella tarde/noche.
Es cierto que la bici se me hizo eterna (incluso me pegué un piñazo), y que me pasé más tiempo pendiente de no caerme que de acelerar y seguir en carrera, pero la experiencia mereció la pena.
A nivel organizativo hubo más voluntad  y buenas intenciones que resultados (el desconcierto en el pinar era generalizado), pero consiguieron sorprenderme lo suficiente como para que dos meses después, aun sienta ganas de compartir la experiencia con vosotros .
En definitiva, un duatlón muy recomendable si queréis pasar un buen rato, sin ninguna pretensión de marca personal, y acompañados de un buen foco ;D

Cuidaos.
Iván

Javi, Dani y yo (el equipo del barrio)

Javi, Dani y yo (el equipo del barrio)

La Carrera de las empresas 2011

El pasado domingo fue un día especial. Empezó como otros, con mucho sueño al sonar el despertador, cuando apenas me acababa de dormir tras la nochecita que me había dado una de mis peques (son adorables, pero dormir no es su fuerte).
Me asomé por la ventana, aún era de noche y según la previsión del tiempo amenazaba lluvia tras más de 50 días de sequía en Madrid.

Como un autómata, fui realizando todos los preparativos previos a una carrera, cogí mi coche y conduje hasta la línea de salida mientras contemplaba como la ciudad iba despertando.

Tocaba la Carrera de las Empresas,  una prueba de lo más peculiar por varios motivos:

-Su propia naturaleza, ya que es el único día que corres representando a la empresa para la que trabajas, con lo que esto implica.

-No premia la clasificación individual, sino por equipos de 2, 3 y 4 participantes masculinos, féminas y mixtos por empresa, previamente definidos.         

-Son dos carreras en una, de 6 KM y 10 Km respectivamente, que transcurren simultáneamente hasta el Km 6, donde unos paran y otros, como yo en esta ocasión, seguimos hasta el Km 10, no si tentaciones de “despistarnos” en la bifurcación ;-)

 

Este año , el Dpto de RRHH me había inscrito en la categoría de equipo de 2 integrantes masculinos en 10 Km, siendo mi compañero la estrella atlética de la empresa. Un tipo al que conozco poco, pero lo suficiente para saber que su calidad como atleta debe haber sido inversamente proporcional a su fortuna en el mundo del atletismo, lo que le ha impedido su merecido salto a profesional. Esto no quita para que atesore marcas increíbles como 2h 16 min en maratón, etc..

Como podéis imaginar, cuando un tipo de esta calidad afronta una carrera, lo hace siempre para darlo todo, aunque su forma física no sea la de otros tiempos. Y en este caso, me tocaba a mi bailar con “la más fea” y tratar de no empeorar en exceso su registro en meta, para que la media de los dos tiempos (el suyo y el mío), fuera lo más competitiva posible.

Me coloqué en la línea de salida lo mejor que pude para evitar en la medida de lo posible los atropellos y complicaciones lógicas de una carrera con casi 3000 participantes. Me sentía en parte presionado por no “estropear” las opciones de mi compañero, pero a la vez ilusionado ante el reto de formar equipo con un tipo de este nivel.

Previamente había estado estudiando los tiempos de otros años y sabía que si yo era capaz de correr en 35-36 minutos, y él lo hacía en 33-34 min, tendríamos serias opciones de victoria. El problema era que yo no corría a esa velocidad desde el año 2006, por lo que tendría que igualar mi récord personal de mi era post rodilla “biónica” (conseguido hace 5 años), para tener opciones.

Aun así decidí salir a por todas.

La salida fue rapidísima. Pasé el primer KM en 3 min 22 segundos y llevaba más de 70 personas delante! (la cabeza de carrera lo hizo a 3m:02 seg).

 

 

La salida

La salida

Poco a poco la Castellana comenzó a picar para arriba, y el grupo se estiró, poniendo progresivamente a cada uno en su sitio. En el KM 3 alcanzamos Plaza Castilla y nos tiramos Castellana abajo. Mi reloj me indicaba que iba a ritmo de 3 min 35 seg por Km, por lo que el objetivo comenzaba a perfilarse como factible y mi moral ganaba enteros por momentos.

Al cruzarme con los corredores que iban subiendo, algunos compañeros y amigos que también estaban en carrera gritaron mi nombre para animarme, lo que me ayudó a ganar la confianza suficiente para continuar aumentando progresivamente el ritmo.

Entre el Km 6 y el 7 comencé a tener la dudas habituales de este tipo de carreras “voy un poco pasado de rosca, no se si mi rodilla aguantará este ritmo tan alto, etc..”, pero no era un día para dudar sino para disfrutar y sufrir apretando los dientes, y eso hice, luchar como siempre y correr como nunca.

 Al llegar a Colón, giramos 180 grados y comenzamos a correr cuesta arriba, pero yo ya iba lanzado. A mi compañero de equipo lo habían sacado de punto los 4 integrantes del equipo Bikila con su ritmo infernal, y peleaba por mantenerse en una magnífica 8ª posición.

En la curva hacia meta miré el reloj situado sobre el arco y vi que aun marcaba 35 minutos, lo que me hizo volver a cambiar el ritmo para intentar arañar unos pocos segundos más.

Crucé la meta en vigésimo cuarta posición, con un tiempo de 35 min 58 segundos (36:03 para la organización) , lo que suponía mi mejor marca en los últimos 5 años, y la segunda mejor desde mi operación de rodilla hace 11 años.

Al final, promediando tiempos, conseguimos el objetivo, campeones por parejas con un tiempo medio en los 10 Km de 35m: 13 seg.

Hoy, tres días después de la carrera aun me duelen los gemelos, y tengo la rodilla un poco más fea de lo habitual, pero me da igual.. y no puedo evitar ir por ahí sonriendo como un crío.

No cabe duda que tuve la suerte de estar en la carrera adecuada, con el compañero idóneo, y con la determinación e ilusión suficientes para estar a la altura del objetivo que me había autoimpuesto.

Aun así, para mi ha sido una pequeña gran victoria personal, de esas que saboreas especialmente por su naturaleza inesperada. Otro pequeño “premio” del destino a tantos kilómetros recorridos desde niño, de día, de noche, con viento, lluvia, frío, calor, con o sin dormir, en soledad en la mayoría de los casos. En definitiva un motivo más para seguir “amando” este deporte que me ha dado tanto como yo a él.

Ahora grabaré este momento y esta sensación en la memoria, y en el corazón, para cuando la suerte no me sonría (no sólo en las carreras) y lamentablemente luchar no sea suficiente.

Mientras tanto, me seguiré calzando mis zapatillas de deporte, seguiré disfrutando de cada carrera como si fuera la primera, o la última, feliz de afrontar nuevos retos. Quiero seguir luchando como he hecho siempre, y en definitiva, quiero correr, que es lo que nos hace sentir a todos los que “adoramos” este deporte, un poco más libres.

Cuidaos,

Iván   

En el podio con mi compañero de equipo

En el podio con mi compañero de equipo

 

 

 

 

“Correr” es lo que soy.

Cuando la gente me pregunta por qué me gusta tanto correr, normalmente se me ocurren un sinfín de respuestas (me lo llevan preguntando toda mi vida), pero curiosamente, no consigo dar con la adecuada.

Supongo que lo que me pasa es que me cuesta explicar que en realidad estamos hablando de mi momento de soledad, donde sólo estamos mis zapatillas, mi respiración, mis pensamientos y yo.
Me cuesta explicar que hay días, que o bien porque voy rodando más suave, o por parajes más atractivos o conocidos, que consigo incluso evadirme de la realidad del día a día.
Días en que sin querer, me afloran recuerdos de mis primeros entrenamientos de niño por aquellos caminos por los antes paseé con mi abuelo, con mis padres, con mis hermanos, con mis amigos de la infancia, por los que ahora paseo con mi mujer y mis hijas.., reviviendo momentos y sensaciones de otro tiempo, ahora tan lejano, pero siempre tan presente.

He corrido siendo nieto e hijo, ahora padre, y espero hacerlo como abuelo. Con cada zancada me ha alejado de fantasmas, acercándome a mi mismo, a la persona que soy hoy.

Y es que al final correr no es solo correr, sino muchas cosas mas.
Nos ayuda a pensar y a desconectar, a recordar y a olvidar, a sentir y a sanar, y  en definitiva, a vivir.
Por eso, me gusta decir que correr no es lo que hago, es lo que soy.
Cuidaos.
Iván
Corriendo al atardecer

Corriendo al atardecer

El “globo” de mi vida.

Tal y como comentó Pablo al hilo de mi anterior post sobre la carrera de Montesclaros, fue allí , en la primera edición de 1995, donde sufrí el mayor “globo”, pájara, desfallecimiento (o como lo queramos llamar) de mi vida.
Visto ahora con la perspectiva que dan los años y la experiencia, creo que incumplí la mayoría de las reglas básicas que debe seguir un corredor popular ante una carrera.
Para poneros en contexto, tenía 19 años y por motivos varios había vuelto a entrenar y a correr de forma “estructurada”, después de dejar de competir “en serio” con 15 años.
Aquel año preparé especialmente los 1000 metros, distancia en la que finalmente conseguí detener el crono en 2 min y 48 seg,  mi mejor marca hasta la fecha.
Y así aparecí en la línea de salida, en “buena forma” por mi vuelta a los entrenamientos,  con mi mejor marca en 1000 metros, con la ambición y motivación de correr en mi pueblo, pero con el cuerpo al revés al celebrarse la carrera en plenas fiestas, con lo que eso implica cuando tienes 19 años ;-)

Antes de la salida estuve observando a mis rivales, como hacía cuando competía de niño.  Fue cuando reparé en la presencia Aníbal (la carrera hoy es un memorial en su nombre), del que ya sabía de su fantástico estado de forma y nivel deportivo (a pesar de haber empezado a correr a una edad algo tardía). A su lado estaba Pablo Cabeza, su entrenador, al que aun no conocía, pero que parecía un runner de pies a cabeza.
Y así sin más, decidí que ellos eran los “hombres a batir”, por lo que mi “estrategia” de carrera iba a ser seguirles hasta que me dieran las fuerzas, para después improvisar…( así corría de chaval y así pensaba correr aquel día por disparatado que pueda parecerme hoy).
Ahora se que debí haber sido mas prudente (Pablo sin ir más lejos ya había corrido el maratón en 2h 29 min), pero con la osadía que da la edad, decidí seguirles sin mas.
La salida fue muy rápida, y el ritmo del primer km también. Para entonces ya encabezábamos la carrera los 3 (Aníbal, Pablo y yo). Lejos de “arrugarme”, incluso me permití el lujo de ponerme en cabeza a tirar del grupo ante el estupor de mis compañeros de escapada que apenas daban crédito a mi “inconsciencia”.
Así pasamos la primera vuelta al circuito de 3 km en  10 minutos raspados. Y fue al comenzar la segunda vuelta, cuando me di cuenta que algo no iba bien. Aunque estaba acostumbrado a entrenar fuerte, el ritmo de carrera me estaba haciendo mella, e iba pasado de revoluciones …, pero ya era tarde y el “hombre del mazo” me pegó de lleno. Pablo y Aníbal me pasaron y fueron poco a poco abriendo hueco .. Y yo empecé a agonizar…
Tirando de pundonor y de rabia traté de mantener el ritmo, pero era imposible. Para evadirme del sufrimiento tarareaba en mi cabeza una especie de canción machacona con el sonido de mi respiración y de mi pulso, que me retumbaba por dentro (efectivamente, se me estaba “yendo la olla”..).
El ultimo Km fue agónico, las piernas me pesaban como bloques de cemento pero se me doblaban como si fueran de chicle.., el pecho me ardía al respirar y tenía una fuerte sensación de mareo. En los últimos 400m me alcanzó el hasta entonces cuarto clasificado, dejándome fuera del podio.., pero ya no podía luchar mas que por llegar a meta y que todo terminara..
Para cuando encaré la recta final ya tenía visión túnel y apenas distinguía nada de lo que había a mi alrededor.
Crucé la línea de meta en cuarta posición. Y fue al parar cuando sentí como si algo se desconectara dentro de mi, y me invadió una sensación de ingravidez, que provocó que me desplomara como un saco de patatas. Un amigo me levantó y me sacó de allí andando, pero yo no podía ni abrir los ojos.
Intentaba mantenerme en pie y hablar, pero era imposible.., no tenía control sobre mi cuerpo.., es sin duda la peor sensación que he experimentado en mi vida.
Finalmente me tumbaron en mitad de una calle, llegó una chica, que se identificó como ATS,  y me tomó el pulso. Recuerdo que exclamó “madre mía, este chico tiene todavía casi 200 pulsaciones por minuto…, su cuerpo cree que sigue corriendo..”
Yo no podía entender casi nada, pero sí pude notar cierta preocupación en sus palabras. Traté de levantarme y andar, y esta vez lo conseguí. Ayudado por un amigo y por mi hermano Juanjo, que ya había llegado a meta en una magnífica séptima posición, me fui recuperando poco a poco mientras trataba de beber agua a sorbos entre arcadas y vómitos .
Recuerdo que Pablo y Aníbal vinieron a preguntar por mi estado, y exclamaron ” estos chavales tan jóvenes corren con el corazón”, y sin duda, no les faltaba razón.
Finalmente el médico dictaminó que había sufrido una lipotimia severa por no haberme hidratado bien, sumado al calor y al tremendo esfuerzo realizado (creí que me moría…).

Han pasado 16 años y lo recuerdo como si fuera ayer.
Sin duda ha sido una de las mayores lecciones que me ha dado este deporte en mi vida:
Haz tu carrera y no busques fantasmas entre tus rivales, no te precipites, no lleves el cuerpo al límite, bebe agua durante el día de la prueba (y no salgas la noche anterior a “quemar las naves” con tus colegas ;-) aprende de tus errores y asume que no eres nada mas (
y nada menos), que un corredor popular. Y sobre todo, disfruta de las carreras, que para eso están.
Lógicamente,  hubiera preferido que alguien me lo contara, tal y como yo he tratado de hacer en este post,  pero como se suele decir, nadie escarmienta en cabeza ajena ;-)

Cuidaos.

En la línea de meta

En la línea de meta

 

 

La carrera de Montesclaros

Si hay una prueba que marco con especial cariño en mi calendario de carreras populares y triatlones de la temporada, es la Carrera de Montesclaros, mi pueblo.
Situado en un pequeño llano entre montes boscosos de encina, próximo al Valle del Tiétar y perteneciente a la comarca de la Sierra de San Vicente, es sin duda un lugar inmejorable para celebrar una carrera popular, de sólo 6 KM, pero de una dureza y belleza realmente significativa.

Lo que comenzó hace ya 16 años (la primera edición fue en 1995) como una iniciativa desinteresada de algunos aficionados al atletismo locales, se ha consolidado como una de las carrera de referencia en la comarca, caracterizada por su ambiente deportivo y festivo.
A pesar de su marcado carácter popular, el nivel medio de los participantes es razonablemente alto, además de contar con ilustres vencedores, de la talla de Pablo Cabeza
(Triatleta Ironman y preparador físico de referencia a nivel nacional), Miguel Ángel Gamonal (Campeón de España de Maratón en 2010), Jesús Alvarado, etc…

 

Primera edición 1995. Con Álvaro, Mauro y amigos

Primera edición 1995. Con Álvaro, Mauro y amigos

Convertida en memorial en 2004 tras la triste desaparición de nuestro fantástico atleta local Aníbal Arévalo, consta de 2 vueltas a un circuito de 3km, no excesivamente técnico, pero que no da un respiro.

Sus continuas subidas, bajadas, giros y curvas pueden hacer de la carrera un calvario si no regulas bien las fuerzas desde el principio. Si a esto le sumamos que la temperatura ambiente el día de la prueba (15 de agosto) a las 20:30 (hora de la salida) suele superar los 30 grados, el cóctel explosivo esta servido.

Subiendo la "Cuesta de la iglesia"

Subiendo la "Cuesta de la iglesia"

La inscripción es gratuita y puede realizarse el mismo día de la carrera, facilitando así la participación a todo aquel que tenga ganas de pasar un buen rato “apretando los dientes”.

 

En mi caso, intento llegar todos los años en una forma física razonable, lo que me obliga a tener que hacer series a la hora de comer o de madrugada (cuando tengo tiempo) en pleno mes de julio…

Además, como tuve el privilegio de alzarme con la victoria en la edición de 1996, cuando mis piernas y mis años eran otros, solo me ha quedado ir “a peor” edición tras edición… ;-)

El próximo sábado (este año la carrera será el día 13) volveré a ponerme en la línea de salida, un poco mas “viejo” (aunque algo mas fino que estos últimos años), pero con la misma ilusión y ganas de pelear contra el crono del primer día.

No se si tardare un minuto mas o menos que otros años, pero tendré la suerte de disfrutar de una tarde estupenda, en mi casa, con mi gente y haciendo lo que tanto nos gusta, correr.

Nos vemos en Montesclaros.

 

La línea de salida

La línea de salida

El Veneno del Ironman

Al final, a pesar de ser este un blog de running, y yo un runner empedernido, he decidido publicar mi primer post de nuestro blog hablando de mi primer Ironman. De cómo y por qué llegué a ponerme en la línea de salida y de lo curioso de cómo se van entrelazando y encadenando sucesos en la vida que al final te llevan a conocer personas increíbles, visitar lugares indescriptibles y vivir experiencias inolvidables.

Todo esto significó para mi la experiencia de afrontar mi primer Ironman. El descubrir cuando sólo era un niño que existía una prueba durísima que rozaba lo imposible llamada Ironman, que se disputaba en Hawai (lugar que sólo conocía por los surfistas y por la canción de Mecano que sonaba en aquella época), el decidir que algún día estaría en la línea de salida (sobre todo cuando supe que también se iba a celebrar en Lanzarote), el prepararla con esmero y tenacidad años después y finalmente el disputarla, sufrirla y sobre todo disfrutarla.

Sin duda también mucha  “culpa” de que finalmente haya afrontado este reto la ha tenido Álvaro (manosucias), amigo desde la infancia, al que paradójicamente conocí en un campeonato de natación cuando éramos unos críos y con el que he compartido la ilusión de realizarlo desde hace muchos años y las “penurias” de prepararlo estos últimos meses.

Con él inicié mis andanzas en este magnífico deporte, cuando nos juntamos con tres o cuatros “visionarios” más para inscribirnos vía internet en un club de triatlon de Sevilla pudiendo así debutar en nuestra primera prueba distancia “sprint” enla Casade Campo de Madrid.        Muy lejos queda también (ya han pasado 11 años) aquella fatídica lesión de rodilla que me dejó un clavo en la tibia y una muleta como eternos compañeros de viaje, o el primer día que decidí volver a correr (en contra de lo que indicaban algunos de los médicos que me trataron) cojeando y con15 Kgmás de los que peso ahora, o el primer maratón que conseguí finalizar ese mismo año,…

 

- El Ironman:

Poco antes de amanecer comienza el baile. Desayuno lo habitual de los días duros de entrenamiento en compañía de Álvaro y algunos de los grandes compañeros (ahora amigos) , la mayoría del club, que han compartido esta experiencia conmigo, de los que no voy a decir sus nombres por miedo a omitir alguno, pero a los que estoy profundamente agradecido por sus consejos y apoyo.

Hablamos de forma relativamente distendida pero hay una mezcla de tensión y concentración en la mirada de cada uno de nosotros. La llegada a boxes es parecida a como había imaginado, ultimamos detalles técnicos (la presión de las ruedas de la bici, bolsa con la ropa post competición), me enfundo el neopreno y pienso (ya está, ya está..). Hacemos una cola para atravesar la puerta que lleva a la playa. Allí está el arco de salida. En el trayecto veo a mi mujer y mis amigos que han volado desde Madrid para estar conmigo, le doy un beso y ella trata de buscar el miedo en mis ojos y yo, como siempre, sonrío.., todo va a salir bien.

Me despido de Álvaro y le deseo suerte, él va a salir en la mitad de pelotón (tiene más tablas que yo en estos “saraos”) pero yo prefiero salir atrás, tratando de evitar golpes innecesarios en el agua desde primera hora. Pronto descubriré que tal y como me habían advertido, debería haberme situado más adelante.

Comienza la natación. Los primeros minutos reina la confusión. Aun no ha amanecido aunque ya hay claridad, el mar sube y baja lentamente y el agua está los suficientemente transparente como para poder distinguir a quien tienes nadando a tu lado. A pesar de haber salido atrás, el giro de cada boya se convierte en una batalla campal, sobre todo al encarar la recta trazada por las corcheras al finalizar la primera vuelta. Así entre boya y boya, entre torta y torta van pasando los minutos y pronto habré acabado la natación. No he tragado mucha agua aunque sí he cobrado un poco… lo peor es que siento un dolor en el gemelo de mi pierna “mala” que me ha tenido en vilo durante toda la preparación del Ironman y que hoy parece querer ser protagonista. Decido ignorarlo pero sin perderlo de vista, me cambio de arriba abajo y me dispongo a afrontar la bicicleta.

Ironman_natacion

Ironman_natacion

Salgo tranquilo con el único pensamiento de que mi pierna debería aguantarme durante todo el segmento ciclista, pero sin tener la seguridad de qué pasará a la hora de correr.

Los km van pasando y comienzo por primera vez a disfrutar. El escenario es espectacular, mucho mejor de lo que había imaginado!. Converso con algunos de los participantes que me voy encontrando, leo en los dorsales su nombre, edad, nacionalidad e imagino como habrá sido su entrenamiento en Australia, Argentina, Holanda… y qué historia habrá detrás de cada uno de ellos. Pronto habrán pasado los miradores y casi 140 Km, no sin antes haber visto de nuevo a mi mujer (Almu) y amigos (que hoy son mi “equipo técnico”)  y haberle vuelto a sonreír (lógicamente no le hablo de mi gemelo y sólo le transmito lo espectacular del paisaje y el increíble ambiente de deportividad que se respira entre los participantes).

ironman_bici

Ironman segmento ciclista

Los últimos Km de bici se hacen especialmente duros. Una carretera de largísimas rectas con viento en contra se encarga de que salga de mi estado de “ensoñamiento” y tenga que apretar los dientes. Comienza a dolerme el pie derecho debido a la acumulación de KM y horas transcurridas, pero pronto me veo en Puerto del Carmen y me dispongo a correr. Me despido de la bici con un disimulado guiño (hoy se ha portado) y mientras me cambio converso con Almu que está al otro lado de la valla. Le digo que estoy bien y ella me informa de cómo van el resto de los compañeros del club. Me despido de ella. Me dispongo a correr. Es el momento más crucial del Ironman porque a pesar de sentirme bien de fuerzas tengo toda la pierna derecha hecha polvo, la rodilla, el gemelo y el pie….Doy una zancada, otra, otra… estoy corriendo y no pasa nada. De la emoción se me pone la carne de gallina. Estoy corriendo y todo va bien!.

Una vez pasada la euforia inicial decido seguir utilizando la cabeza como he hecho hasta ese momento. Puedo correr pero no se durante cuanto tiempo….

Tengo amagos de calambre en la pierna desde el KM 5 de carrera por lo que decido seguir corriendo sin parar ni tan siquiera en los avituallamientos (con la certeza de que como pare y arranque varias veces la pierna no me va a aguantar). Y así van pasando las vueltas. Me voy cruzando con todos los compañeros del club, nos saludamos y animamos para inmediatamente seguir cada uno con nuestra guerra personal (aquí todos corremos contra nosotros mismos).

ironman_running

Ironman carrera a pie

A mitad de mi tercera vuelta, cuando llevo corriendo más de 25 Km me vuelvo a cruzar con Álvaro, para él es su última vuelta y solo le separan 6 km aprox para finalizar el Ironman. Le veo tranquilo (sabe que el objetivo esta cumplido), chocamos la mano y sigo a lo mío, pero ahora se que él ya lo tiene (ha hecho una carrera increíble) y por primera vez siento que a pesar de mi pierna y los amagos de calambre, a mi tampoco se me va a escapar.

Comienzo la cuarta y última vuelta mientras Almu y mi “equipo técnico” me gritan: “una hora, sólo una hora más y lo habrás hecho!”. Respiro hondo, y sigo corriendo. No he parado en ningún momento de correr y los calambres que sí estoy sufriendo en los antebrazos me dificultan incluso a la hora de beber agua en los avituallamientos, pero aun así sigo corriendo y me mantengo sorprendentemente tranquilo. Para evitar mayores problemas los mantengo estirados y disminuyo aun más la amplitud de zancada (estoy corriendo más tieso que un “airgamboy”). Mientras, me acuerdo de mi familia, amigos ,compañeros de trabajo, etc.. que han estado todo este tiempo soportando mis historias sobre el ironman y en definitiva apoyándome a su manera. También me acuerdo de los médicos que me trataron la rodilla y pienso que a pesar de ser tan tremendistas, al final, no lo debieron hacer tan mal si había conseguido llegar hasta aquí…De pronto me encuentro a 300 metros de meta, Almu sale de entre el público y comienza a correr a mi lado (a pesar de su embarazo), le agarro la mano y corre conmigo hasta la meta (el ironman es tan suyo como mío).

Acto seguido estoy parado tras la meta… lo he conseguido!, beso a Almu y recibo mi medalla de finisher…. sencillamente indescriptible.

Al final todo cobra sentido, la ilusión desde mi niñez por disputar esta prueba, la dura rehabilitación de la rodilla, las horas de entrenamiento de los últimos meses robándole tiempo al tiempo, el empacho de barritas, geles, plátanos y agua que me he pegado y las 12 horas y 50 min y  226 KM aprox que acabo de dejar atrás. Finalmente se ha hecho posible lo imposible. Soy un Ironman.

 

Esta mañana, en el atasco habitual de Madrid a la hora de ir a trabajar he bajado la ventanilla del coche mientras el sol del amanecer comenzaba a darme en la cara. He cerrado los ojos y por un momento, al sentir el viento que suavemente recorría el habitáculo del coche, miles de recuerdos y sensaciones me han vuelto a asaltar, sintiendo la necesidad de plasmarlas en esta “interminable” crónica.

Uno de los grandes amigos que me traje de Lanzarote me dijo “hermano, ahora el veneno del ironman están dentro de ti”. En el momento no le di mayor importancia, pero pocas semanas después supe que tenía razón. No se cuando ni como, pero si hay algo seguro es que volveré.

A la memoria de mi abuelo. Él sí era de hierro.

Ironman_meta

En meta con mi mujer