La Carrera de las empresas 2011

El pasado domingo fue un día especial. Empezó como otros, con mucho sueño al sonar el despertador, cuando apenas me acababa de dormir tras la nochecita que me había dado una de mis peques (son adorables, pero dormir no es su fuerte).
Me asomé por la ventana, aún era de noche y según la previsión del tiempo amenazaba lluvia tras más de 50 días de sequía en Madrid.

Como un autómata, fui realizando todos los preparativos previos a una carrera, cogí mi coche y conduje hasta la línea de salida mientras contemplaba como la ciudad iba despertando.

Tocaba la Carrera de las Empresas,  una prueba de lo más peculiar por varios motivos:

-Su propia naturaleza, ya que es el único día que corres representando a la empresa para la que trabajas, con lo que esto implica.

-No premia la clasificación individual, sino por equipos de 2, 3 y 4 participantes masculinos, féminas y mixtos por empresa, previamente definidos.         

-Son dos carreras en una, de 6 KM y 10 Km respectivamente, que transcurren simultáneamente hasta el Km 6, donde unos paran y otros, como yo en esta ocasión, seguimos hasta el Km 10, no si tentaciones de “despistarnos” en la bifurcación ;-)

 

Este año , el Dpto de RRHH me había inscrito en la categoría de equipo de 2 integrantes masculinos en 10 Km, siendo mi compañero la estrella atlética de la empresa. Un tipo al que conozco poco, pero lo suficiente para saber que su calidad como atleta debe haber sido inversamente proporcional a su fortuna en el mundo del atletismo, lo que le ha impedido su merecido salto a profesional. Esto no quita para que atesore marcas increíbles como 2h 16 min en maratón, etc..

Como podéis imaginar, cuando un tipo de esta calidad afronta una carrera, lo hace siempre para darlo todo, aunque su forma física no sea la de otros tiempos. Y en este caso, me tocaba a mi bailar con “la más fea” y tratar de no empeorar en exceso su registro en meta, para que la media de los dos tiempos (el suyo y el mío), fuera lo más competitiva posible.

Me coloqué en la línea de salida lo mejor que pude para evitar en la medida de lo posible los atropellos y complicaciones lógicas de una carrera con casi 3000 participantes. Me sentía en parte presionado por no “estropear” las opciones de mi compañero, pero a la vez ilusionado ante el reto de formar equipo con un tipo de este nivel.

Previamente había estado estudiando los tiempos de otros años y sabía que si yo era capaz de correr en 35-36 minutos, y él lo hacía en 33-34 min, tendríamos serias opciones de victoria. El problema era que yo no corría a esa velocidad desde el año 2006, por lo que tendría que igualar mi récord personal de mi era post rodilla “biónica” (conseguido hace 5 años), para tener opciones.

Aun así decidí salir a por todas.

La salida fue rapidísima. Pasé el primer KM en 3 min 22 segundos y llevaba más de 70 personas delante! (la cabeza de carrera lo hizo a 3m:02 seg).

 

 

La salida

La salida

Poco a poco la Castellana comenzó a picar para arriba, y el grupo se estiró, poniendo progresivamente a cada uno en su sitio. En el KM 3 alcanzamos Plaza Castilla y nos tiramos Castellana abajo. Mi reloj me indicaba que iba a ritmo de 3 min 35 seg por Km, por lo que el objetivo comenzaba a perfilarse como factible y mi moral ganaba enteros por momentos.

Al cruzarme con los corredores que iban subiendo, algunos compañeros y amigos que también estaban en carrera gritaron mi nombre para animarme, lo que me ayudó a ganar la confianza suficiente para continuar aumentando progresivamente el ritmo.

Entre el Km 6 y el 7 comencé a tener la dudas habituales de este tipo de carreras “voy un poco pasado de rosca, no se si mi rodilla aguantará este ritmo tan alto, etc..”, pero no era un día para dudar sino para disfrutar y sufrir apretando los dientes, y eso hice, luchar como siempre y correr como nunca.

 Al llegar a Colón, giramos 180 grados y comenzamos a correr cuesta arriba, pero yo ya iba lanzado. A mi compañero de equipo lo habían sacado de punto los 4 integrantes del equipo Bikila con su ritmo infernal, y peleaba por mantenerse en una magnífica 8ª posición.

En la curva hacia meta miré el reloj situado sobre el arco y vi que aun marcaba 35 minutos, lo que me hizo volver a cambiar el ritmo para intentar arañar unos pocos segundos más.

Crucé la meta en vigésimo cuarta posición, con un tiempo de 35 min 58 segundos (36:03 para la organización) , lo que suponía mi mejor marca en los últimos 5 años, y la segunda mejor desde mi operación de rodilla hace 11 años.

Al final, promediando tiempos, conseguimos el objetivo, campeones por parejas con un tiempo medio en los 10 Km de 35m: 13 seg.

Hoy, tres días después de la carrera aun me duelen los gemelos, y tengo la rodilla un poco más fea de lo habitual, pero me da igual.. y no puedo evitar ir por ahí sonriendo como un crío.

No cabe duda que tuve la suerte de estar en la carrera adecuada, con el compañero idóneo, y con la determinación e ilusión suficientes para estar a la altura del objetivo que me había autoimpuesto.

Aun así, para mi ha sido una pequeña gran victoria personal, de esas que saboreas especialmente por su naturaleza inesperada. Otro pequeño “premio” del destino a tantos kilómetros recorridos desde niño, de día, de noche, con viento, lluvia, frío, calor, con o sin dormir, en soledad en la mayoría de los casos. En definitiva un motivo más para seguir “amando” este deporte que me ha dado tanto como yo a él.

Ahora grabaré este momento y esta sensación en la memoria, y en el corazón, para cuando la suerte no me sonría (no sólo en las carreras) y lamentablemente luchar no sea suficiente.

Mientras tanto, me seguiré calzando mis zapatillas de deporte, seguiré disfrutando de cada carrera como si fuera la primera, o la última, feliz de afrontar nuevos retos. Quiero seguir luchando como he hecho siempre, y en definitiva, quiero correr, que es lo que nos hace sentir a todos los que “adoramos” este deporte, un poco más libres.

Cuidaos,

Iván   

En el podio con mi compañero de equipo

En el podio con mi compañero de equipo

 

 

 

 

Una de récords

Desde que soy corredor popular, no dejo de asombrarme de lo que realmente significa batir un récord mundial. El primero que realmente me impresionó fue Hicham El Gerrouj con sus estratosféricos 3:26 en los 1500 metros. El número así en frio, quizás no llame mucho la atención, pero supone correr los 100 metros lisos en 13,7 segundos 15 veces seguidas. Todos los que han medido sus progresos alguna vez sobre el tartán, sabran lo que significa. ¿A que impresiona?. Este fin de semana, Patrick Makau ha batido el récord mundial de Haile Gebrselassie en la distancia reina del atletismo de fondo.Esas dos horas escasas (2:03:38) convenientemente diseccionadas, resultan abrumadoras. Imaginad lo que supone correr 1000 metros en menos de 3 minutos. Es difícil ¿verdad?. Conozco (cara a cara, no por la tele oatletas famosos)  a varias personas que son o han sido capaces de lograrlo, pero no superan la docena y desgraciadamente yo no me encuentro entre ellas. Ahora pensemos en un  5000  en menos de 15 minutos. No estoy seguro si alguno de los anteriores podría lograrlo. Probablemente solo uno o dos. ¿Y que tal encadenar 8 veces esos 5000 metros – y un piquito- y recorrer todos holgadamente por debajo de los 15 minutos ?. Pues eso es lo que significa un récord del mundo de estas características, una auténtica pasada.

Comparativa de los récords de Gebrselassie y Makau

Música para mis pisadas.

Yo no soy muy aficionado a correr con auriculares, normalmente prefiero disfrutar del sonido de los pasos, de mis latidos, y escuchar como poco a poco se va entrecortando mi respiración.  Pero tengo que reconocer que la música es un arma muy poderosa para el entrenamiento. Eligiendo el repertorio adecuado podemos hacer muchísimo mas llevadera cualquier tanda de series, o esos trotes perezosos en los que nos cuesta arrancar. Eso si en competición no se me ocurre usar el MP3 porque a parte de perdernos el ambiente de la prueba, está prohibido (al menos en triatlón).

A continuación intentaré describir algunas de las canciones con las que mejores (o peores, si había que darlo todo) momentos he pasado “con las zapatillas puestas”.

Paula también lo hace.

Paula también lo hace.

Para motivarse antes de una prueba exigente.

Si alguna vez habéis estado en la línea de salida de una maratón, probablemente hayáis tenido esa sensación agridulce de euforia y miedo a lo desconocido antes del “gran reto”, un hormigueo nervioso en el estómago que nos prepara para el esfuerzo que se avecina. En los instantes inmediatamente anteriores a la salida del Ironman de Lanzarote 2007, mientras aguardaba tiritando de nervios y frío junto a otros 1000 triatletas apiñados en la orilla de la playa, canturreaba en voz alta- con el barullo, nadie me oía, o al menos eso creo- la parte del coro de “The Ectasy of Gold” de Ennio Morricone, banda sonora del Spagettiwestern el Bueno, el feo y el Malo, mientras miraba fijamente al mar y recordaba todo lo que habia tenido que entrenar y sufrir para poder estar ahí. Casi entro al agua con lágrimas en los ojos, no digo más. La versión de Metallica, con la que suelen abrir sus conciertos,  es insuperable.

Otro de mis temas favoritos para la motivación previa a una prueba es el ariaNessun Dorma” de la ópera Turandot de Puccini. Cada vez que la escucho me imagino a mi mismo entrando victorioso y triunfante en infinidad de estadios olímpicos, y cortando cintas de meta. En este apartado también encajan muy bien las bandas sonoras como “El último Mohicano” ,” Star Wars” o “Superman”. Fliparse un poco de vez en cuando, no hace daño.

Para el durante:

Un trote con el  Thunderstruck (ACDC) acompasando las zancadas es motivo suficiente para no bajar el ritmo que nos hayamos fijado pero es bastante fácil dejarse llevar por la euforia y convertir una carrerita suave en un sprint agónico. En general ACDC, tiene el vicio musical (que en este caso se convierte en virtud) de fijar el “tempo” de el 90% de sus temas con el mismo arrastre machacón y cansino. Perfecto para el running.  Un caso similar, pero infinitamente mas rápido, es el de los Ramones (Hey, ho, let’s go!) y el sonido “punk”, el ritmo siempre es el mismo,  no apto para entrenamientos suaves.  Para los entrenamientos exigentes que requieren buen ritmo, me gusta mucho el aire rockerillo trasnochado de Runaway  (Bon Jovi) y la alegria del Rocks (Primal Scream).  El crescendo de Don’t stop me know (Queen) es buenísmo para series en las que hay que aumentar la intensidad poco a poco. Otros clásicos de mi repertorio son el Elevation de U2 o Instant Karma (John Lennon). Siempre recordaré el anuncio de Nike en los 90 con esta canción.

Como veis mis gustos con bastante rockanroleros pero no siempre se da el caso. Una canción que me encanta para correr y que descubrí en un anuncio promocional de Islandia, no se muy bien como es My heart is beating like a jungle drum (Emiliana Torrini), pero tambien puedo sorprenderme a mi mismo con el  Bad Romance de Lady Gaga entre trote y cuesta.

Y vosotros, ¿que escucháis?, cualquier sugerencia es buena, nunca está de mas un poco de motivación extra.

“Correr” es lo que soy.

Cuando la gente me pregunta por qué me gusta tanto correr, normalmente se me ocurren un sinfín de respuestas (me lo llevan preguntando toda mi vida), pero curiosamente, no consigo dar con la adecuada.

Supongo que lo que me pasa es que me cuesta explicar que en realidad estamos hablando de mi momento de soledad, donde sólo estamos mis zapatillas, mi respiración, mis pensamientos y yo.
Me cuesta explicar que hay días, que o bien porque voy rodando más suave, o por parajes más atractivos o conocidos, que consigo incluso evadirme de la realidad del día a día.
Días en que sin querer, me afloran recuerdos de mis primeros entrenamientos de niño por aquellos caminos por los antes paseé con mi abuelo, con mis padres, con mis hermanos, con mis amigos de la infancia, por los que ahora paseo con mi mujer y mis hijas.., reviviendo momentos y sensaciones de otro tiempo, ahora tan lejano, pero siempre tan presente.

He corrido siendo nieto e hijo, ahora padre, y espero hacerlo como abuelo. Con cada zancada me ha alejado de fantasmas, acercándome a mi mismo, a la persona que soy hoy.

Y es que al final correr no es solo correr, sino muchas cosas mas.
Nos ayuda a pensar y a desconectar, a recordar y a olvidar, a sentir y a sanar, y  en definitiva, a vivir.
Por eso, me gusta decir que correr no es lo que hago, es lo que soy.
Cuidaos.
Iván
Corriendo al atardecer

Corriendo al atardecer

El “globo” de mi vida.

Tal y como comentó Pablo al hilo de mi anterior post sobre la carrera de Montesclaros, fue allí , en la primera edición de 1995, donde sufrí el mayor “globo”, pájara, desfallecimiento (o como lo queramos llamar) de mi vida.
Visto ahora con la perspectiva que dan los años y la experiencia, creo que incumplí la mayoría de las reglas básicas que debe seguir un corredor popular ante una carrera.
Para poneros en contexto, tenía 19 años y por motivos varios había vuelto a entrenar y a correr de forma “estructurada”, después de dejar de competir “en serio” con 15 años.
Aquel año preparé especialmente los 1000 metros, distancia en la que finalmente conseguí detener el crono en 2 min y 48 seg,  mi mejor marca hasta la fecha.
Y así aparecí en la línea de salida, en “buena forma” por mi vuelta a los entrenamientos,  con mi mejor marca en 1000 metros, con la ambición y motivación de correr en mi pueblo, pero con el cuerpo al revés al celebrarse la carrera en plenas fiestas, con lo que eso implica cuando tienes 19 años ;-)

Antes de la salida estuve observando a mis rivales, como hacía cuando competía de niño.  Fue cuando reparé en la presencia Aníbal (la carrera hoy es un memorial en su nombre), del que ya sabía de su fantástico estado de forma y nivel deportivo (a pesar de haber empezado a correr a una edad algo tardía). A su lado estaba Pablo Cabeza, su entrenador, al que aun no conocía, pero que parecía un runner de pies a cabeza.
Y así sin más, decidí que ellos eran los “hombres a batir”, por lo que mi “estrategia” de carrera iba a ser seguirles hasta que me dieran las fuerzas, para después improvisar…( así corría de chaval y así pensaba correr aquel día por disparatado que pueda parecerme hoy).
Ahora se que debí haber sido mas prudente (Pablo sin ir más lejos ya había corrido el maratón en 2h 29 min), pero con la osadía que da la edad, decidí seguirles sin mas.
La salida fue muy rápida, y el ritmo del primer km también. Para entonces ya encabezábamos la carrera los 3 (Aníbal, Pablo y yo). Lejos de “arrugarme”, incluso me permití el lujo de ponerme en cabeza a tirar del grupo ante el estupor de mis compañeros de escapada que apenas daban crédito a mi “inconsciencia”.
Así pasamos la primera vuelta al circuito de 3 km en  10 minutos raspados. Y fue al comenzar la segunda vuelta, cuando me di cuenta que algo no iba bien. Aunque estaba acostumbrado a entrenar fuerte, el ritmo de carrera me estaba haciendo mella, e iba pasado de revoluciones …, pero ya era tarde y el “hombre del mazo” me pegó de lleno. Pablo y Aníbal me pasaron y fueron poco a poco abriendo hueco .. Y yo empecé a agonizar…
Tirando de pundonor y de rabia traté de mantener el ritmo, pero era imposible. Para evadirme del sufrimiento tarareaba en mi cabeza una especie de canción machacona con el sonido de mi respiración y de mi pulso, que me retumbaba por dentro (efectivamente, se me estaba “yendo la olla”..).
El ultimo Km fue agónico, las piernas me pesaban como bloques de cemento pero se me doblaban como si fueran de chicle.., el pecho me ardía al respirar y tenía una fuerte sensación de mareo. En los últimos 400m me alcanzó el hasta entonces cuarto clasificado, dejándome fuera del podio.., pero ya no podía luchar mas que por llegar a meta y que todo terminara..
Para cuando encaré la recta final ya tenía visión túnel y apenas distinguía nada de lo que había a mi alrededor.
Crucé la línea de meta en cuarta posición. Y fue al parar cuando sentí como si algo se desconectara dentro de mi, y me invadió una sensación de ingravidez, que provocó que me desplomara como un saco de patatas. Un amigo me levantó y me sacó de allí andando, pero yo no podía ni abrir los ojos.
Intentaba mantenerme en pie y hablar, pero era imposible.., no tenía control sobre mi cuerpo.., es sin duda la peor sensación que he experimentado en mi vida.
Finalmente me tumbaron en mitad de una calle, llegó una chica, que se identificó como ATS,  y me tomó el pulso. Recuerdo que exclamó “madre mía, este chico tiene todavía casi 200 pulsaciones por minuto…, su cuerpo cree que sigue corriendo..”
Yo no podía entender casi nada, pero sí pude notar cierta preocupación en sus palabras. Traté de levantarme y andar, y esta vez lo conseguí. Ayudado por un amigo y por mi hermano Juanjo, que ya había llegado a meta en una magnífica séptima posición, me fui recuperando poco a poco mientras trataba de beber agua a sorbos entre arcadas y vómitos .
Recuerdo que Pablo y Aníbal vinieron a preguntar por mi estado, y exclamaron ” estos chavales tan jóvenes corren con el corazón”, y sin duda, no les faltaba razón.
Finalmente el médico dictaminó que había sufrido una lipotimia severa por no haberme hidratado bien, sumado al calor y al tremendo esfuerzo realizado (creí que me moría…).

Han pasado 16 años y lo recuerdo como si fuera ayer.
Sin duda ha sido una de las mayores lecciones que me ha dado este deporte en mi vida:
Haz tu carrera y no busques fantasmas entre tus rivales, no te precipites, no lleves el cuerpo al límite, bebe agua durante el día de la prueba (y no salgas la noche anterior a “quemar las naves” con tus colegas ;-) aprende de tus errores y asume que no eres nada mas (
y nada menos), que un corredor popular. Y sobre todo, disfruta de las carreras, que para eso están.
Lógicamente,  hubiera preferido que alguien me lo contara, tal y como yo he tratado de hacer en este post,  pero como se suele decir, nadie escarmienta en cabeza ajena ;-)

Cuidaos.

En la línea de meta

En la línea de meta

 

 

La carrera de Montesclaros

Si hay una prueba que marco con especial cariño en mi calendario de carreras populares y triatlones de la temporada, es la Carrera de Montesclaros, mi pueblo.
Situado en un pequeño llano entre montes boscosos de encina, próximo al Valle del Tiétar y perteneciente a la comarca de la Sierra de San Vicente, es sin duda un lugar inmejorable para celebrar una carrera popular, de sólo 6 KM, pero de una dureza y belleza realmente significativa.

Lo que comenzó hace ya 16 años (la primera edición fue en 1995) como una iniciativa desinteresada de algunos aficionados al atletismo locales, se ha consolidado como una de las carrera de referencia en la comarca, caracterizada por su ambiente deportivo y festivo.
A pesar de su marcado carácter popular, el nivel medio de los participantes es razonablemente alto, además de contar con ilustres vencedores, de la talla de Pablo Cabeza
(Triatleta Ironman y preparador físico de referencia a nivel nacional), Miguel Ángel Gamonal (Campeón de España de Maratón en 2010), Jesús Alvarado, etc…

 

Primera edición 1995. Con Álvaro, Mauro y amigos

Primera edición 1995. Con Álvaro, Mauro y amigos

Convertida en memorial en 2004 tras la triste desaparición de nuestro fantástico atleta local Aníbal Arévalo, consta de 2 vueltas a un circuito de 3km, no excesivamente técnico, pero que no da un respiro.

Sus continuas subidas, bajadas, giros y curvas pueden hacer de la carrera un calvario si no regulas bien las fuerzas desde el principio. Si a esto le sumamos que la temperatura ambiente el día de la prueba (15 de agosto) a las 20:30 (hora de la salida) suele superar los 30 grados, el cóctel explosivo esta servido.

Subiendo la "Cuesta de la iglesia"

Subiendo la "Cuesta de la iglesia"

La inscripción es gratuita y puede realizarse el mismo día de la carrera, facilitando así la participación a todo aquel que tenga ganas de pasar un buen rato “apretando los dientes”.

 

En mi caso, intento llegar todos los años en una forma física razonable, lo que me obliga a tener que hacer series a la hora de comer o de madrugada (cuando tengo tiempo) en pleno mes de julio…

Además, como tuve el privilegio de alzarme con la victoria en la edición de 1996, cuando mis piernas y mis años eran otros, solo me ha quedado ir “a peor” edición tras edición… ;-)

El próximo sábado (este año la carrera será el día 13) volveré a ponerme en la línea de salida, un poco mas “viejo” (aunque algo mas fino que estos últimos años), pero con la misma ilusión y ganas de pelear contra el crono del primer día.

No se si tardare un minuto mas o menos que otros años, pero tendré la suerte de disfrutar de una tarde estupenda, en mi casa, con mi gente y haciendo lo que tanto nos gusta, correr.

Nos vemos en Montesclaros.

 

La línea de salida

La línea de salida

El Veneno del Ironman

Al final, a pesar de ser este un blog de running, y yo un runner empedernido, he decidido publicar mi primer post de nuestro blog hablando de mi primer Ironman. De cómo y por qué llegué a ponerme en la línea de salida y de lo curioso de cómo se van entrelazando y encadenando sucesos en la vida que al final te llevan a conocer personas increíbles, visitar lugares indescriptibles y vivir experiencias inolvidables.

Todo esto significó para mi la experiencia de afrontar mi primer Ironman. El descubrir cuando sólo era un niño que existía una prueba durísima que rozaba lo imposible llamada Ironman, que se disputaba en Hawai (lugar que sólo conocía por los surfistas y por la canción de Mecano que sonaba en aquella época), el decidir que algún día estaría en la línea de salida (sobre todo cuando supe que también se iba a celebrar en Lanzarote), el prepararla con esmero y tenacidad años después y finalmente el disputarla, sufrirla y sobre todo disfrutarla.

Sin duda también mucha  “culpa” de que finalmente haya afrontado este reto la ha tenido Álvaro (manosucias), amigo desde la infancia, al que paradójicamente conocí en un campeonato de natación cuando éramos unos críos y con el que he compartido la ilusión de realizarlo desde hace muchos años y las “penurias” de prepararlo estos últimos meses.

Con él inicié mis andanzas en este magnífico deporte, cuando nos juntamos con tres o cuatros “visionarios” más para inscribirnos vía internet en un club de triatlon de Sevilla pudiendo así debutar en nuestra primera prueba distancia “sprint” enla Casade Campo de Madrid.        Muy lejos queda también (ya han pasado 11 años) aquella fatídica lesión de rodilla que me dejó un clavo en la tibia y una muleta como eternos compañeros de viaje, o el primer día que decidí volver a correr (en contra de lo que indicaban algunos de los médicos que me trataron) cojeando y con15 Kgmás de los que peso ahora, o el primer maratón que conseguí finalizar ese mismo año,…

 

- El Ironman:

Poco antes de amanecer comienza el baile. Desayuno lo habitual de los días duros de entrenamiento en compañía de Álvaro y algunos de los grandes compañeros (ahora amigos) , la mayoría del club, que han compartido esta experiencia conmigo, de los que no voy a decir sus nombres por miedo a omitir alguno, pero a los que estoy profundamente agradecido por sus consejos y apoyo.

Hablamos de forma relativamente distendida pero hay una mezcla de tensión y concentración en la mirada de cada uno de nosotros. La llegada a boxes es parecida a como había imaginado, ultimamos detalles técnicos (la presión de las ruedas de la bici, bolsa con la ropa post competición), me enfundo el neopreno y pienso (ya está, ya está..). Hacemos una cola para atravesar la puerta que lleva a la playa. Allí está el arco de salida. En el trayecto veo a mi mujer y mis amigos que han volado desde Madrid para estar conmigo, le doy un beso y ella trata de buscar el miedo en mis ojos y yo, como siempre, sonrío.., todo va a salir bien.

Me despido de Álvaro y le deseo suerte, él va a salir en la mitad de pelotón (tiene más tablas que yo en estos “saraos”) pero yo prefiero salir atrás, tratando de evitar golpes innecesarios en el agua desde primera hora. Pronto descubriré que tal y como me habían advertido, debería haberme situado más adelante.

Comienza la natación. Los primeros minutos reina la confusión. Aun no ha amanecido aunque ya hay claridad, el mar sube y baja lentamente y el agua está los suficientemente transparente como para poder distinguir a quien tienes nadando a tu lado. A pesar de haber salido atrás, el giro de cada boya se convierte en una batalla campal, sobre todo al encarar la recta trazada por las corcheras al finalizar la primera vuelta. Así entre boya y boya, entre torta y torta van pasando los minutos y pronto habré acabado la natación. No he tragado mucha agua aunque sí he cobrado un poco… lo peor es que siento un dolor en el gemelo de mi pierna “mala” que me ha tenido en vilo durante toda la preparación del Ironman y que hoy parece querer ser protagonista. Decido ignorarlo pero sin perderlo de vista, me cambio de arriba abajo y me dispongo a afrontar la bicicleta.

Ironman_natacion

Ironman_natacion

Salgo tranquilo con el único pensamiento de que mi pierna debería aguantarme durante todo el segmento ciclista, pero sin tener la seguridad de qué pasará a la hora de correr.

Los km van pasando y comienzo por primera vez a disfrutar. El escenario es espectacular, mucho mejor de lo que había imaginado!. Converso con algunos de los participantes que me voy encontrando, leo en los dorsales su nombre, edad, nacionalidad e imagino como habrá sido su entrenamiento en Australia, Argentina, Holanda… y qué historia habrá detrás de cada uno de ellos. Pronto habrán pasado los miradores y casi 140 Km, no sin antes haber visto de nuevo a mi mujer (Almu) y amigos (que hoy son mi “equipo técnico”)  y haberle vuelto a sonreír (lógicamente no le hablo de mi gemelo y sólo le transmito lo espectacular del paisaje y el increíble ambiente de deportividad que se respira entre los participantes).

ironman_bici

Ironman segmento ciclista

Los últimos Km de bici se hacen especialmente duros. Una carretera de largísimas rectas con viento en contra se encarga de que salga de mi estado de “ensoñamiento” y tenga que apretar los dientes. Comienza a dolerme el pie derecho debido a la acumulación de KM y horas transcurridas, pero pronto me veo en Puerto del Carmen y me dispongo a correr. Me despido de la bici con un disimulado guiño (hoy se ha portado) y mientras me cambio converso con Almu que está al otro lado de la valla. Le digo que estoy bien y ella me informa de cómo van el resto de los compañeros del club. Me despido de ella. Me dispongo a correr. Es el momento más crucial del Ironman porque a pesar de sentirme bien de fuerzas tengo toda la pierna derecha hecha polvo, la rodilla, el gemelo y el pie….Doy una zancada, otra, otra… estoy corriendo y no pasa nada. De la emoción se me pone la carne de gallina. Estoy corriendo y todo va bien!.

Una vez pasada la euforia inicial decido seguir utilizando la cabeza como he hecho hasta ese momento. Puedo correr pero no se durante cuanto tiempo….

Tengo amagos de calambre en la pierna desde el KM 5 de carrera por lo que decido seguir corriendo sin parar ni tan siquiera en los avituallamientos (con la certeza de que como pare y arranque varias veces la pierna no me va a aguantar). Y así van pasando las vueltas. Me voy cruzando con todos los compañeros del club, nos saludamos y animamos para inmediatamente seguir cada uno con nuestra guerra personal (aquí todos corremos contra nosotros mismos).

ironman_running

Ironman carrera a pie

A mitad de mi tercera vuelta, cuando llevo corriendo más de 25 Km me vuelvo a cruzar con Álvaro, para él es su última vuelta y solo le separan 6 km aprox para finalizar el Ironman. Le veo tranquilo (sabe que el objetivo esta cumplido), chocamos la mano y sigo a lo mío, pero ahora se que él ya lo tiene (ha hecho una carrera increíble) y por primera vez siento que a pesar de mi pierna y los amagos de calambre, a mi tampoco se me va a escapar.

Comienzo la cuarta y última vuelta mientras Almu y mi “equipo técnico” me gritan: “una hora, sólo una hora más y lo habrás hecho!”. Respiro hondo, y sigo corriendo. No he parado en ningún momento de correr y los calambres que sí estoy sufriendo en los antebrazos me dificultan incluso a la hora de beber agua en los avituallamientos, pero aun así sigo corriendo y me mantengo sorprendentemente tranquilo. Para evitar mayores problemas los mantengo estirados y disminuyo aun más la amplitud de zancada (estoy corriendo más tieso que un “airgamboy”). Mientras, me acuerdo de mi familia, amigos ,compañeros de trabajo, etc.. que han estado todo este tiempo soportando mis historias sobre el ironman y en definitiva apoyándome a su manera. También me acuerdo de los médicos que me trataron la rodilla y pienso que a pesar de ser tan tremendistas, al final, no lo debieron hacer tan mal si había conseguido llegar hasta aquí…De pronto me encuentro a 300 metros de meta, Almu sale de entre el público y comienza a correr a mi lado (a pesar de su embarazo), le agarro la mano y corre conmigo hasta la meta (el ironman es tan suyo como mío).

Acto seguido estoy parado tras la meta… lo he conseguido!, beso a Almu y recibo mi medalla de finisher…. sencillamente indescriptible.

Al final todo cobra sentido, la ilusión desde mi niñez por disputar esta prueba, la dura rehabilitación de la rodilla, las horas de entrenamiento de los últimos meses robándole tiempo al tiempo, el empacho de barritas, geles, plátanos y agua que me he pegado y las 12 horas y 50 min y  226 KM aprox que acabo de dejar atrás. Finalmente se ha hecho posible lo imposible. Soy un Ironman.

 

Esta mañana, en el atasco habitual de Madrid a la hora de ir a trabajar he bajado la ventanilla del coche mientras el sol del amanecer comenzaba a darme en la cara. He cerrado los ojos y por un momento, al sentir el viento que suavemente recorría el habitáculo del coche, miles de recuerdos y sensaciones me han vuelto a asaltar, sintiendo la necesidad de plasmarlas en esta “interminable” crónica.

Uno de los grandes amigos que me traje de Lanzarote me dijo “hermano, ahora el veneno del ironman están dentro de ti”. En el momento no le di mayor importancia, pero pocas semanas después supe que tenía razón. No se cuando ni como, pero si hay algo seguro es que volveré.

A la memoria de mi abuelo. Él sí era de hierro.

Ironman_meta

En meta con mi mujer

Por fin es verano

Martes, 28 de Junio, siete y media de la tarde. El termómetro frente a la estación de Pozuelo de Alarcón marca treinta y siete grados centígrados. Como tengo algo de tiempo, y eso no es algo que abunde en mi día a día, decido salir a correr un poco,  muy suave puesto que el calor aprieta. No tengo muy claro el recorrido así que pongo rumbo a la Casa de Campo, puesto que es un lugar perfecto para la improvisación en el arte de deambular con zapatillas de corredor. Primeros kilómetros, ¡que bien me encuentro! -normal, voy muy despacio-, no me afectan ni el calor ni la ausencia total de sombra. Entro en la Casa de Campo escoltado por un tren que brama bajo el puente de la carretera de Castilla y las escaleras improvisadas con traviesas de vía férrea que sirven de entrada no motorizada, me invitan a subir con calma bajo amenaza de tropiezo o revolcón. Una vez dentro del bosque semiurbano, las encinas me protegen del sol y un poco mas adelante ceden el testigo los pinos y chopos que acompañan el curso del arroyo de Antequina. Enfilo la cuesta del cerro de Garabitas, e incremento un poco el ritmo, lo suficiente como para adelantar a un ciclista temporero, con tantos kilos de más como días de menos dando pedales. En lo alto del cerro, me refresco en la fuente fuertemente custodiada por alguna que otra avispa,  y  pese a los aspavientos y las siempre incómodas posturas de los bebederos públicos, consigo recuperarme un poco del sofocón de la subida. Llevo recorridos seis kilómetros y medio, según mi GPS minimalista.

Casa de Campo
Como no me apetece desandar lo andado, o mejor dicho destrotar lo trotado, me adentro un poco mas en el parque para volver bordeando la Tapia, hasta el punto de entrada inicial. El camino junto al muro desciende suavemente con pequeños toboganes que invita sugerentemente a  incrementar el ritmo  y caigo en la trampa en mas de una ocasión, hasta que la brutalidad de un repecho coronado por una aberrante torreta de alta tensión -recordemos que la Casa de Campo, pese a llamarse parque, no deja de ser un bosque-  frena en seco mis delirios de atleta y me recuerda que es verano, hace treinta y muchos grados y es la primera vez en muchos meses que llevo mas de cincuenta minutos corriendo. Derrotado y con la boca con sabor a polvo y arena, abandono el pulmón verde de Madrid tratando de llenar de aire los míos y llegar a casa lo antes posible. Las piernas ya no responden, no tengo fuerzas, y compruebo con desesperación como ninguna de las fuentes que adornan -en toda la extensión de la palabra- el paseo del arroyo de Pozuelo es capaz de darme una sola gota de agua. Una hora y catorce minutos después de la partida, consigo llegar de nuevo a casa. Empapado en sudor, sediento y agotado, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Me encanta el verano, que le vamos a hacer.

 

Flotando

Atención a la amplitud y fluidez de la zancada de Haile Gebrselassie en este vídeo. Impresionante

Parece fácil y todo.

Anton Kuprikca

Residente en Boulder (Colorado, USA), unos de los paraísos de los deportes de fondo, este corredor nacido en Nebraska en 1983,  tiene cierta tendencia a la anarquía en cuanto a volúmenes e intensidades de entrenamiento, así como en la alimentación. Según cuenta en su blog, le gusta seguir sus apetencias y las pautas que le marca su instinto.

Anton “Tony” Kupricka compitie sin camiseta, con barba descuidada y la melena al viento. Es la viva imagen del espíritu hippie de los 60 en perfecta armonía con la naturaleza, y su carisma le ha convertido en icono del ultratrail norteamericano. Anton comenzó a correr desde niño y con 12 años completó su primera maratón en menos de cuatro horas. Actualmente es uno de los mejores  corredores de montaña del mundo con numerosas victorias en su palmarés en carreras de 100 y 50 millas, como la Miwok 100k. El pasado 2010, vivió un intenso duelo con el catalán Kilian Jornet en la Western States 100 donde Anton solo pudo descolgar al español en el último tercio del recorrido, aunque finalmente ninguno de los dos se alzó con la victoria, Geoff Roes -otra leyenda-, sobrepasó a Anton a falta de 5 kilómetros.

Es uno de los deportistas estrella de la firma New Balance para running,